Historia
Una vida ligada al territorio
Enrique Belenchón representa la viva herencia de la trashumancia española, una práctica ancestral que ha moldeado los paisajes, las rutas y la cultura rural durante siglos. Nacido en una familia profundamente ligada a esta tradición ganadera, Enrique comenzó a caminar junto a su padre, Fortunato Belenchón Gómez, desde muy pequeño. Con apenas diez años, ya recorría los antiguos caminos de la Cañada Real Conquense, aprendiendo a cuidar el rebaño, leer la tierra y resistir el paso de los kilómetros y las estaciones.
A pesar de haber estudiado para trabajar como administrativo, Enrique eligió seguir el ejemplo de su padre y continuar con la vida pastoril. Lo que para muchos parecía un oficio en extinción, para él era una vocación, una forma de vida ligada a la tierra y al ciclo natural del pastoreo. Con el tiempo, asumió el liderazgo de la expedición anual de su ganadería trashumante, que moviliza hasta mil ovejas y cabras entre las zonas de invierno y verano. Cada año, Enrique guía su rebaño desde las sierras de Guadalaviar (Teruel) hasta los pastos de La Carolina (Jaén), en un trayecto de casi 500 kilómetros que atraviesa caminos históricos, montañas, autovías y pueblos. Esta travesía, que dura varias semanas, es tanto un esfuerzo físico como un acto de resistencia cultural.
En un mundo que avanza hacia la ganadería intensiva y la industrialización alimentaria, Enrique mantiene viva la relación directa con los animales, los pastos y los ritmos de la naturaleza. Además de sus labores como pastor, Enrique también ha sido testigo de un renovado interés social y ecológico por la trashumancia.