Historia
Una vida ligada al territorio
María Pía Sánchez Fernández no nació ganadera, pero la vida terminaron llevándola de vuelta al campo. Criada en Extremadura, entre encinas y pastos, conocía de cerca lo que significaba una dehesa, aunque su camino profesional comenzó muy lejos del barro y los animales. Estudió Derecho en Salamanca y durante más de dos décadas trabajó en el mundo de la banca, ocupando cargos de responsabilidad. Pero no fue hasta los cincuenta años cuando decidió actuar de forma radical: dejarlo todo y regresar a la finca.
Aquel cambio fue, como ella misma ha dicho muchas veces, lo mejor que hizo en su vida. Fue una apuesta valiente y profunda por un modelo diferente de vivir. La finca, de unas 446 hectáreas de dehesa, que María Pía decidió transformarla desde sus cimientos. Comenzó eliminando herbicidas, abonos químicos, piensos industriales. Replanteó el uso del agua, instaló placas solares, construyó charcas para retener lluvias, colocó cajas nido para aves y sembró bancos de semillas autóctonas. Lo hizo convencida de que la ganadería podía ser regenerativa, respetuosa con el entorno y, al mismo tiempo, rentable.
Criaba ovejas merinas, tanto de lana blanca como negra, esta última una raza en peligro de extinción. Apostó por el pastoreo rotacional, permitiendo que la tierra descansara y se recuperara, y poco a poco fue integrando sistemas de agricultura regenerativa. Para 2019, su explotación ya había sido certificada como ecológica, una de las primeras de su tipo en Extremadura. María Pía entendía que la verdadera transformación debía ser cultural y política. Por eso no se quedó en su finca: fundó la Federación Española de la Dehesa (FEDEHESA), impulsó redes de ganaderas, promovió la visibilidad de la mujer rural y levantó la voz para que la dehesa fuese protegida y reconocida como patrimonio cultural y natural.