Medio Ambiente · 13 de abril de 2026
Seis beneficios reales de la ganadería extensiva que la ciencia respalda
Desde la prevención de incendios hasta la fijación de población rural, la ganadería extensiva acumula evidencias científicas que la sitúan como modelo clave frente a los desafíos medioambientales y sociales del siglo XXI.
En una dehesa extremeña a orillas de la Cañada Real de la Plata, una manada de ovejas merinas avanza despacio sobre un suelo que, bajo sus pezuñas, va acumulando materia orgánica, semillas y vida. No es una postal romántica. Es un proceso ecológico medible, documentado por investigadores y organizaciones internacionales, que sitúa a la ganadería extensiva en el centro del debate sobre cómo alimentar al planeta sin destruirlo. Frente al modelo industrial, que concentra animales en naves y consume ingentes cantidades de piensos, soja y combustibles fósiles, el pastoreo extensivo trabaja con los ritmos del territorio, aprovecha lo que la tierra ofrece y devuelve lo que la tierra necesita.
La ganadería extensiva agrupa un conjunto de prácticas con beneficios claros desde el punto de vista de la lucha contra el cambio climático, la protección de la biodiversidad, el bienestar animal y la mejora del tejido socioeconómico rural. Estos son seis beneficios reales que la ciencia y la práctica ganadera respaldan.
1. Gestión del territorio y prevención de incendios forestales

El abandono del campo y la desaparición del ganado han dejado miles de hectáreas de monte sin limpiar en toda la península ibérica. El resultado es una acumulación de biomasa que convierte los bosques en polvorines. El pastoreo contribuye a mantener limpios los montes y a reducir la acumulación de biomasa, lo que disminuye el riesgo y la intensidad de los incendios forestales. La ganadería extensiva depende del ecosistema natural y la climatología, recurre a tierras de pastos y prados que generalmente no se pueden utilizar como superficie agrícola, las abona y ayuda a reducir su vulnerabilidad frente a los incendios al limpiar el terreno. Los datos económicos son contundentes.
En España se destinan 1.000 millones de euros al año a medidas de prevención o extinción de incendios, unos 6.000 euros por hectárea quemada. Sin embargo, no se paga a pastores y ganaderos extensivos los servicios ambientales que sí se pagan a cuadrillas de prevención y extinción. A lo largo de la Cañada Real de la Plata, que conecta las dehesas de Cáceres y Salamanca con las montañas leonesas siguiendo el corredor occidental de la península, el descenso de los rebaños va acompañado de un progresivo abandono del medio rural, con un aumento de las masas forestales sin ningún tipo de gestión y la llegada de los incendios de sexta generación, tormentas de fuego a las que los cuerpos de bomberos no tienen capacidad técnica para hacer frente.
2. Conservación de la biodiversidad y los paisajes de alto valor natural

La ganadería extensiva es, en Europa, una forma de producción gestionada comúnmente a nivel familiar y caracterizada por el uso de praderas y pastizales naturales o seminaturales, frecuentemente en zonas de Alto Valor Natural, como fuente primaria para alimentar al ganado. Estos paisajes pastoreados albergan especies vegetales y animales que dependen de la presencia del ganado para mantener abiertas las zonas de matorral y las praderas. La ganadería extensiva genera beneficios como la preservación de los suelos y el secuestro de carbono en los pastos.
Además, la presencia libre de ganado en el campo potencia la biodiversidad de especies. Las lagunas de Villafáfila, en Zamora, próximas al trazado de la Cañada Real de la Plata, son un ejemplo paradigmático. Este enclave alberga una de las mayores densidades de avutardas del mundo y constituye un importante refugio para aves invernantes. La relación entre las prácticas ganaderas extensivas y la riqueza faunística de estos humedales es directa y está ampliamente documentada.
3. Salud del suelo y secuestro de carbono

El suelo es el gran depósito de carbono olvidado. Cuando está bien gestionado mediante pastoreo extensivo, actúa como sumidero natural de CO₂, un papel que los suelos degradados o compactados por la maquinaria agrícola intensiva han perdido. La ganadería extensiva contribuye a incrementar la materia orgánica y a conservar la cubierta vegetal de los suelos más pobres, y ayuda a prevenir la erosión de los campos.
De forma general, las explotaciones de ganadería extensiva tienen gran dependencia de fuentes renovables como la radiación solar, la lluvia y los pastos naturales. La regeneración continua de la cubierta vegetal por el pisoteo moderado y el abonado natural del ganado activa el ciclo de nutrientes del suelo, uno de los beneficios medioambientales más documentados de este modelo productivo. Los rebaños trashumantes que recorren cada año tramos de la Cañada Real de la Plata por Salamanca, Zamora y Cáceres fertilizan literalmente los corredores verdes que atraviesan, sin necesidad de aportaciones externas de nitrógeno sintético.
4. Aprovechamiento eficiente de recursos no convertibles
Uno de los argumentos más sólidos a favor del pastoreo extensivo es su capacidad para transformar recursos que los seres humanos no podemos consumir directamente en proteína de alta calidad. Los animales transforman pastos y forrajes no aptos para consumo humano en proteínas de alto valor nutricional, aprovechando recursos que de otro modo se perderían. La ganadería intensiva, en cambio, opera de forma radicalmente distinta. Se alimenta de productos agrícolas que compiten con los humanos por los recursos y, para ser más eficiente, consume grandes cantidades de alimentos externos en lugar de aprovechar directamente el pasto disponible.
Además, puede alimentarse de materias primas como la soja, muy relacionadas con la deforestación de regiones tan importantes para el clima planetario como el Amazonas. El ganado extensivo, por el contrario, tiene una mayor autonomía e independencia, sirviéndose de recursos naturales que le ofrece el terreno, sin requerir combustibles fósiles para el transporte de alimentos.
5. Calidad del producto y salud pública
Los beneficios de la ganadería extensiva no se limitan al ecosistema, sino que alcanzan al producto final y, por ende, a la salud de quienes lo consumen. En sistemas extensivos, los animales viven en condiciones más naturales, con menor necesidad de insumos externos como piensos importados, fertilizantes o antibióticos. El menor uso de antibióticos tiene una dimensión de salud pública innegable en un contexto global de preocupación creciente por las resistencias bacterianas.
La carne producida en explotaciones extensivas presenta un perfil más saludable en la composición de sus grasas, con una mayor riqueza de ácidos grasos insaturados y un mejor balance entre el colesterol bueno y el colesterol malo. En los mercados y tiendas de Béjar, Baños de Montemayor y Hervás, los productos derivados de la oveja merina criada en extensivo (desde el queso de leche cruda hasta el cordero lechal) representan precisamente esta diferencia cualitativa frente a la producción industrial.
6. Fijación de población rural y preservación del patrimonio cultural

La ganadería extensiva no solo cuida el territorio físico. También sostiene el tejido humano y cultural de la llamada España vaciada. La ganadería extensiva contribuye a mitigar la despoblación rural y ayuda a conservar el patrimonio cultural de las zonas rurales, fijando población productiva que cuida del territorio en un medio rural en preocupante proceso de vaciamiento.
La trashumancia por la Cañada Real de la Plata, por ejemplo, conecta los pastos de verano de León, Zamora y Salamanca con los pastos de invierno de Extremadura y Andalucía, convirtiendo esta ruta en la columna vertebral de la trashumancia en el oeste de la península. La trashumancia es un patrimonio vivo. A su paso deja un importante legado cultural y etnográfico presente en fiestas y tradiciones, artesanía popular, gastronomía y tradición oral. El paso por Puebla de Sanabria cumplió en 2024 más de 606 años de tradición trashumante ininterrumpida. Ganaderos, pastores, queseros, artesanos del textil en lana merina y hosteleros rurales forman hoy una red interdependiente cuya supervivencia está ligada a la continuidad del modelo extensivo, uno de los instrumentos más eficaces y contrastados con los que cuenta el territorio rural español para hacer frente a los desafíos del siglo XXI.