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Historia · 3 de noviembre de 2025

Así es la vida de los pastores trashumantes

Gastronomía, técnicas de pastoreo tradicional, artesanía… Un conjunto de bienes inmateriales que hemos de cuidar. Pero ¿cómo es la vida de los pastores trashumantes? ¿Cuál es su historia? Estas son las respuestas.

Los pastores trashumantes forman parte de nuestro acervo cultural y etnográfico. La importancia de su labor es tal que no olvidemos que, en el año 2023, la UNESCO declaró la trashumancia Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Y España, con unos 125.000 kilómetros de vías pecuarias, es uno de los principales centros de esta actividad en Europa.

Gastronomía, técnicas de pastoreo tradicional, artesanía… Un conjunto de bienes inmateriales que hemos de cuidar y que, si hablamos de las Cañadas Reales, se mueven en torno a las ovejas merinas. Pero ¿cómo es la vida de los pastores trashumantes? ¿Cuál es su historia? Estas son las respuestas.

Organización tradicional en los rebaños

Rebaño de ovejas
Rebaño de ovejas - Foto: Depositphotos

Antes de centrarnos en un día en la vida de un pastor trashumante, vale la pena conocer la historia de cuando su número era mucho mayor que en la actualidad; esos siglos en los que España poseía el monopolio de la producción y venta de lana merina, que se llegó a conocer como el oro blanco. Era tal el volumen de actividad que, para la organización de todo el conjunto de trabajadores que intervenían en el negocio, había toda una jerarquía a seguir.

Los rebaños se distribuían en cabañas. Cada cabaña estaba formada por 12.000 ejemplares, dividida a su vez en rebaños de 1.000 ovejas cada uno. El propietario del ganado no solía trabajar con él de manera directa, por lo que delegaba su gestión a un mayoral. En las empresas especialmente grandes, había otro cargo entre el dueño y el mayoral: el administrador.

Para poder guiar y atender a las ovejas, un rebaño contaba con cinco pastores, que estaban bajo el mando del mayoral. El responsable era el rabadán, a quien seguía el compañero, el sobrado, el ayudador y el zagal. También podía unirse al grupo un yegüero o hatero.

Vida de los pastores

Pastor con rebaño de ovejas (pastores trashumantes)
Pastor con rebaño de ovejas - Foto: Depositphotos

Los pantalones, los zagones, los chalecos y las pellizas eran el atuendo habitual de los pastores; prendas que, en la actualidad, siguen siendo frecuentes. Con huesos, maderas, pieles, crines y cuernos, eran estupendos artesanos capaces de fabricar los utensilios y artículos que necesitaban en su jornada.

Al ir en grupo, los pastores realizaban turnos por la noche para vigilar posibles ataques de los lobos El último de esos turnos correspondía al mayoral. A lo largo de la ruta, cuando solían recorrer entre 20 y 30 kilómetros diarios, se detenían en las casas de hato o chozas de pastor. Estas construcciones de arquitectura popular tenían planta circular y estaban construidas con cubiertas vegetales y madera. En el centro de la estancia se encendía el fuego.  

Además, no podemos olvidar la importancia de los perros mastines en el cuidado y defensa de los rebaños. Normalmente había cinco por cada uno de ellos.

Calendario de trabajo

Ganadería Joaquín Ortiz

Durante el verano, los pastores trashumantes permanecían en los puertos. Luego podían estar hasta siete meses en los denominados pastos de extremo. Solían ponerse en marcha hacia el sur al final del mes de septiembre, y una vez en destino comenzaba la época de partos. En invierno había que cuidar especialmente a las crías y corderos nuevos. En marzo y abril se ocupaban del esquileo, poniendo rumbo a casa en la primavera. En junio ya estaban de vuelta en su punto de origen.

Durante los desplazamientos, los pastores siempre han afrontado todo tipo de inclemencias meteorológicas: lluvia, nieve, heladas, olas de calor… Y la dificultad se acrecienta con la sequía, que provoca la ausencia de pastos y el peligro de que el ganado no encuentre agua para beber, pues charcas y arroyos pueden estar secos.

Cocina tradicional de los pastores

Migas extremeñas
Migas extremeñas - Foto: Depositphotos

Hace siglos las comidas de los pastores trashumantes eran poco variadas, aunque muchas de aquellas recetas han llegado hasta nosotros y se han convertido en clásicos de la gastronomía española. No han perdido ni su delicioso sabor ni su efectividad.

Nada como una caldereta de cordero y unas migas para dotar al organismo de toda la energía que necesita para hacer frente a la jornada de trabajo al aire libre, sin olvidar los embutidos, el queso, las sopas y las legumbres.

Vida de los pastores en la actualidad

Un pastor con su rebaño pasa junto a la Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid.
Fiesta de la trashumancia - Foto: Depositphotos

En el siglo XXI, los pastores trashumantes combinan gran parte de esas tradiciones y costumbres históricas con los avances materiales y tecnológicos, aunque son muy pocos los que se dedican a este tipo de pastoreo en comparación con los que un día fueron. Los perros siguen acompañándolos, y las rutas se siguen realizando dos veces al año. El trabajo continúa siendo de sol a sol, comenzando poco antes del amanecer.

Si antes podían servirse de mulas o burros para transportar sus enseres, ahora disponen de jeeps, en los que pueden portar la tienda de campaña, las mantas, la ropa y la comida, donde no faltan las latas de conserva. Asimismo, cargan con un buen botiquín, tanto para los pastores como para cuidar a las ovejas si se lastiman o si se produce cualquier incidencia. Esto también ha cambiado, porque antes no quedaba más remedio que abandonar a las ovejas enfermas o heridas, que terminaban siendo alimento para las rapaces, a menos que se aprovechara su carne para las comidas.

Los primeros kilómetros se recorren por la mañana, antes de que el calor apriete, y el segundo momento del día para avanzar se produce a la tarde. Pastores y rebaños se desplazan hasta que se pone el sol. Siguen avanzando entre 25 y 30 kilómetros diarios, y cuando se detienen a descansar por la noche, los pastores tienen la posibilidad de colocar un redil portátil con pastor eléctrico, para no tener que hacer las guardias y velar por el ganado, como se hacía antes. No obstante, eso no quita que tengan que seguir expectantes por si alguna oveja salta el redil o por si aparece algún depredador. Si están cerca de núcleos de población, pueden aprovechar y cenar caliente, pero cuando no es así, echan mano de los embutidos, los quesos y las latas que llevan.

A día de hoy, la trashumancia sigue siendo la manera más sostenible de mover al ganado y la que resulta menos estresante para los animales. Los pastores trashumantes y sus familias continúan ejerciendo una labor que nos beneficia a todos: cuidando las tradiciones, conservando el medio ambiente y las razas autóctonas, propiciando una economía circular y sostenible, y manteniendo un patrimonio que, de otra forma, se terminaría perdiendo.