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Naturaleza

El calendario trashumante: el ciclo anual de los pastores y la oveja merina

El ciclo de trashumancia de la oveja merina discurre por las cuatro estaciones del año. Un movimiento fundamental para la subsistencia y el desarrollo de una de las economías más relevantes de la historia de España.

El fenómeno de la trashumancia constituye una práctica ganadera milenaria en la península ibérica, que ha configurado tanto el paisaje como la cultura a lo largo de los siglos. Este sistema de pastoreo cíclico, que implica el desplazamiento de rebaños entre pastos de invierno y de verano, define el ritmo de vida de los pastores y, en particular, de la oveja merina, que se podría considerar una de las pioneras del turismo ecológico de baja velocidad.

En este artículo exploramos la estructura de este ciclo anual, analizando las fases que marcan la existencia de los pastores y la oveja merina. Se examinará cómo este movimiento estacional, guiado por la naturaleza, ha sido fundamental para la subsistencia y el desarrollo de una especie cuya lana fina y valiosa ha impulsado una de las economías más relevantes de la historia de España.

La primavera: el inicio de la trashumancia hacia el norte

La Sierra de Gredos, uno de los destinos más comunes de la oveja merina en primavera. - Foto: Depositphotos
La Sierra de Gredos, uno de los destinos más comunes de la oveja merina en primavera. - Foto: Depositphotos

El ciclo anual de la trashumancia se inicia con la llegada de la primavera. Tras haber pasado los meses de invierno en las dehesas del sur de España, en regiones como Extremadura o Andalucía, la subida de las temperaturas y la consecuente sequía de los pastos activan la necesidad del traslado. A finales de marzo o principios de abril, los pastores inician la preparación para la migración. Los corderos nacidos durante el invierno han adquirido la fuerza suficiente para emprender el viaje y el entorno natural se reactiva en sincronía con el rebaño.

Esta etapa se caracteriza por una intensa actividad. Los pastores equipan sus enseres y movilizan a sus perros, que desempeñan un papel crucial en la gestión del rebaño. El desplazamiento se realiza de manera gradual, con rebaños que pueden superar el millar de cabezas. El destino es claro: las zonas montañosas del norte, con sus pastos frescos de verano, en localizaciones como la Sierra de Gredos, Picos de Europa o los Pirineos.

El viaje de ascenso, que se prolonga durante semanas, exige a los pastores una gran resistencia física y una vigilancia constante. El objetivo principal es llegar a tiempo a los pastos de verano, minimizando el impacto del calor en los animales y evitando la escasez de alimento en las zonas de origen.

El verano en la sierra: la fase de pastoreo en altura

Al alcanzar las zonas montañosas, el rebaño de ovejas merinas y sus pastores entran en una fase de relativa estabilidad. Los prados de alta montaña, frescos y ricos en nutrientes, son óptimos para la recuperación y el engorde del ganado. Este período es fundamental para garantizar la salud de los animales y la calidad de su lana. Las condiciones climáticas de la sierra son especialmente beneficiosas para la oveja merina, que evita el estrés térmico de las zonas más cálidas del sur.

Durante el verano, la labor del pastor se centra en el pastoreo diario, guiando al rebaño por las laderas en busca de los mejores pastos. El trabajo es constante y requiere una observación detallada del estado de cada animal. La soledad es una característica inherente a esta vida, con el sonido de los cencerros y la naturaleza como únicos acompañantes. En esta fase, el pastor asume el rol de protector del rebaño, protegiéndolo de depredadores locales como el lobo.

La jornada del pastor: una labor de constante dedicación

Rebaño de ovejas en trashumancia. - Foto: Depositphotos
Rebaño de ovejas en trashumancia. - Foto: Depositphotos

El día a día de un pastor trashumante es una muestra de dedicación ininterrumpida. La jornada comienza antes del amanecer con la tarea de reunir al rebaño, que se ha dispersado durante la noche. Los perros de pastoreo, adiestrados para seguir las órdenes del pastor, son esenciales para esta labor.

A lo largo del día, el pastor camina incansablemente, observando a cada una de las ovejas merinas en busca de signos de enfermedad o lesión. Su conocimiento empírico lo convierte en un experto en sanidad animal, meteorología y orientación, un currículum vitae excepcionalmente variado y multidisciplinar. Los breves descansos se destinan a reponer fuerzas y al atardecer se busca un lugar seguro para que los animales puedan pasar la noche.

El otoño: el regreso a los pastos del sur

Proceso de esquileo de la oveja. - Foto: Depositphotos
Proceso de esquileo de la oveja. - Foto: Depositphotos

La llegada del otoño marca la conclusión de la etapa de verano. Con el descenso de las temperaturas y la aparición de las primeras nieves, es momento de iniciar el viaje de vuelta. A finales de septiembre o principios de octubre, el calendario trashumante señala el regreso hacia el sur. El objetivo es alcanzar las dehesas antes del inicio del frío y las lluvias invernales.

Este viaje de regreso sigue el mismo trazado de las cañadas reales. Es una fase de agotamiento y nostalgia, pero también de la satisfacción de haber completado el ciclo con éxito. El rebaño se encuentra en óptimas condiciones y el pastor puede vislumbrar el período de descanso relativo que ofrece el invierno en las dehesas, cuyos pastos florecen con las primeras lluvias.

El invierno: la época de la crianza y el esquileo

Los meses de invierno, de diciembre a marzo, son el momento de mayor actividad económica. Es durante esta etapa que se produce el parto de los corderos, una fase crítica para la continuidad del rebaño, y se lleva a cabo el esquileo. La lana de la oveja merina es un producto de altísimo valor y el esquileo, que podría definirse como el "gran corte de pelo" anual de miles de ovejas, es el evento que culmina el esfuerzo de todo el año.

La oveja merina es reconocida globalmente por la calidad superior de su lana, caracterizada por s

u finura y suavidad. El esquileo se realiza con gran habilidad para no dañar al animal y obtener la fibra de mayor calidad posible. El valor de este producto es el principal motor económico de la trashumancia. Tras el esquileo, las ovejas están listas para el siguiente ciclo migratorio, que comenzará con la primavera.

En la actualidad, la trashumancia se enfrenta a desafíos significativos, como la fragmentación del paisaje, la intensificación de la agricultura y la despoblación rural. Sin embargo, algunos pastores mantienen viva esta tradición. La trashumancia es un patrimonio cultural vivo que simboliza una forma de vida sostenible y conectada con la naturaleza.