Cañada Real de la Plata
Astorga: la ciudad que fue el centro del mundo romano y medieval
Astorga ofrece un recorrido por la historia, con su pasado romano y medieval, y nos invita a recorrer sus calles y degustar su gastronomía.
Si crees que una ciudad no puede ser a la vez un campamento romano, un epicentro minero, una parada del Camino de Santiago y un museo viviente de la arquitectura de Gaudí, es porque todavía no has visitado Astorga. Esta pequeña pero poderosa ciudad en la provincia de León es una auténtica caja de sorpresas. No es una exageración decir que, durante siglos, fue un punto de encuentro tan importante que casi todo el mundo acababa pasando por aquí. Es la historia de España en una sola postal.
Asturica Augusta: el origen de la ciudad

Para entender a Astorga, hay que viajar en el tiempo unos 2.000 años. Por aquel entonces, los romanos ya sabían lo que se hacían y eligieron este lugar, estratégicamente situado en el noroeste peninsular, para fundar un campamento militar. Lo llamaron "Asturica Augusta" y lo convirtieron en la capital del Conventus Asturicensis, una división administrativa del Imperio.
La ciudad no creció por casualidad. Se encontraba en el nudo de comunicaciones más importante de la región. De allí partía la famosa Vía de la Plata, una calzada que unía la plata de la región con el sur de Hispania. Pero el verdadero motor de su prosperidad fue el oro. Astorga era el centro de operaciones para la explotación de las minas de Las Médulas, un yacimiento de oro tan vasto que su explotación (con un método llamado ruina montium) cambió para siempre el paisaje. A los romanos no les tembló el pulso a la hora de hacer obras de ingeniería monumentales para extraer el preciado metal. Y Astorga era el cerebro de toda esa operación.
La ciudad prosperó. Los arqueólogos han encontrado los restos de un foro espectacular (el centro de la vida social y política), unas termas públicas (porque los romanos también se cuidaban) y un impresionante sistema de acueductos que traía agua desde las montañas. En su apogeo, Asturica Augusta era una ciudad que no dormía, llena de soldados, comerciantes y mineros que se movían por sus calles, convirtiéndola en una metrópolis del mundo antiguo. Es probable que el ajetreo y el bullicio fueran constantes, con el sonido de las espadas y los martillos mezclado con las lenguas de medio imperio.
El Camino de Santiago: el renacimiento medieval
Con la caída del Imperio romano, Astorga sufrió, como muchas otras ciudades. Las invasiones y los cambios de poder la sumieron en un periodo de decadencia. Sin embargo, su importancia no se perdió del todo, en gran parte gracias a que su ubicación seguía siendo inmejorable. La ciudad resurgió con el auge del Camino de Santiago en la Edad Media. Astorga se convirtió en una de las paradas obligatorias del Camino Francés, el más popular de los itinerarios jacobeos.
Esta nueva encrucijada trajo consigo un segundo aire. Los peregrinos que llegaban de toda Europa necesitaban comida, refugio y, por supuesto, un lugar donde descansar antes de continuar su viaje. La ciudad se llenó de albergues, hospitales y una intensa vida religiosa. La actual Catedral de Santa María de Astorga, que se alza majestuosa con su fachada de piedra rojiza, es un testimonio de la riqueza y el poder que Astorga recuperó en esta época. Es un edificio tan impresionante que te puedes pasar horas contemplando sus detalles.
Gaudí y el Palacio Episcopal: un toque de fantasía

Como si su rica historia no fuera suficiente, Astorga tiene la suerte de contar con la huella de uno de los arquitectos más geniales y peculiares de todos los tiempos: Antoni Gaudí. La historia de cómo llegó a construir el Palacio Episcopal es, en sí misma, una anécdota digna de contarse. El obispo de Astorga, un amigo de Gaudí, le pidió que diseñara un nuevo palacio episcopal después de que el anterior se quemara. A pesar de que Gaudí estaba súper ocupado con su obra magna, la Sagrada Familia en Barcelona, aceptó el encargo.
El resultado es el Palacio Episcopal de Astorga, un castillo de cuento de hadas que parece sacado de un libro de fantasía. Con sus torres de inspiración medieval y sus tejados de pizarra, el edificio rompe con todo lo que lo rodea. Dentro, el genio de Gaudí también se hace evidente en los techos abovedados y las columnas inclinadas. El palacio, que hoy alberga el Museo de los Caminos, es la prueba de que en Astorga no tienen miedo de mezclar estilos. Una ciudad romana, medieval y modernista. ¿Por qué no?
El sabor de la historia: del cocido a los dulces
Ninguna visita a Astorga está completa sin probar su gastronomía, que también está ligada a la historia de la región. El plato estrella es el cocido maragato, un cocido que se come de forma inversa: primero las carnes, luego los garbanzos y las verduras, y al final, la sopa. Se dice que este orden se debe a los arrieros de la comarca de la Maragatería, que transportaban mercancías y comían primero lo más contundente por si tenían que salir corriendo. Sea verdad o no, ¡es una delicia que no te puedes perder!
Y para el postre, no hay nada como los chocolates de Astorga, con una tradición artesana que se remonta a varios siglos. La ciudad es, de hecho, famosa por su industria chocolatera, una muestra de cómo las tradiciones y la historia siguen vivas en cada rincón.
Si te gusta caminar, comer bien y descubrir rincones llenos de magia, Astorga te está esperando.