Oveja merina · 31 de marzo de 2026
Razas pastoras españolas: guardianes de la trashumancia
Cuando los rebaños emprendían su marcha por las cañadas reales, a su lado viajaban los verdaderos protagonistas de la trashumancia: los perros pastores españoles. Razas autóctonas forjadas durante siglos para proteger y conducir rebaños por cientos de kilómetros. Un patrimonio canino vivo que define la historia rural de España.
Cuando los rebaños de ovejas merinas abandonaban los pastos de verano en las sierras leonesas o castellanas y emprendían la marcha hacia las dehesas extremeñas, no lo hacían solos. A su lado caminaban, durante días y cientos de kilómetros, los silenciosos protagonistas de una de las tradiciones más antiguas de la ganadería española. El perro pastor no era un accesorio del rebaño, era su sistema nervioso en movimiento.
Conducía, protegía, vigilaba y alertaba, todo al mismo tiempo y a menudo sin recibir otra orden que un silbido o un gesto de la mano del pastor. España ha desarrollado a lo largo de siglos un conjunto de razas pastoras autóctonas de una riqueza extraordinaria, tan diversas entre sí como los paisajes que recorrían. Comprenderlas es adentrarse en la historia viva de la trashumancia.
Un patrimonio canino sin igual

España alberga más de 30 razas de perros autóctonas, muchas de ellas desconocidas fuera de nuestras fronteras. Desde el imponente Mastín Español hasta el ágil Podenco Ibicenco, estas razas caninas representan siglos de historia, adaptación al territorio y trabajo junto al ser humano. Sin embargo, entre todas ellas, son las razas pastoras las que más profundamente han marcado el paisaje y la cultura rural de la Península, porque su existencia nació directamente de una necesidad práctica e irremplazable. Centrándonos en las razas españolas, resulta llamativo que todas las razas autóctonas registradas son perros pastores o de caza, lo que define muy bien la cultura canina en nuestro país antes del boom de las mascotas.
La función de estos animales en el contexto de la trashumancia se divide en dos grandes grupos bien diferenciados. Los perros de guardia son más homogéneos: casi todos son gigantes de tipo moloso, robustos, de patas proporcionalmente algo cortas y cabezas grandes con mandíbula poderosa. Por otro lado, los perros de carea o conducción son animales más ágiles y ligeros, especializados en guiar el movimiento del rebaño, anticiparse a los rezagados y mantener la cohesión del grupo durante la marcha. Un punto importante que diferencia a los perros de carea de los perros de guardia es la respuesta del rebaño hacia ellos. Es esencial para el desempeño de su función que las ovejas teman hasta cierto punto al perro conductor, ya que de ello depende que se muevan en la dirección opuesta a la que esté el can.
El Mastín Español, el gran guardián trashumante

Si existe una raza que simboliza por encima de todas la trashumancia española, esa es el Mastín Español. Majestuoso y sereno, el Mastín Español es el gran guardián de nuestro patrimonio ganadero. Criado durante siglos para proteger rebaños trashumantes de lobos y otros depredadores, su presencia impone respeto. Sin embargo, bajo esa apariencia colosal, hay un temperamento tranquilo y equilibrado. Su papel en las cañadas reales no era estético, era estratégico. En las temporadas de trashumancia tenía que andar cerca de treinta kilómetros o más diarios, a los que se juntaban otros nueve para el pasto, sin contar el ir y venir continuo durante la vigilancia.
Si se quisiera trazar la hipotética evolución del Mastín Español, se podría afirmar que de gran perro nómada primitivo se ha transformado en el gran moloso trashumante ibérico, cuidador del ganado. Buscar los orígenes del Mastín Español fuera de España es cosa inútil porque es hijo legítimo de la trashumancia y de las condiciones ambientales y sociales de la Península Ibérica. La Real Sociedad Canina de España (RSCE) ha pedido al Gobierno de la Comunidad de Madrid que declare a los perros pastores, especialmente los mastines, Patrimonio Cultural e Histórico autonómico, de forma que queden protegidos jurídica y físicamente. Actualmente acompaña a numerosos rebaños, tanto estantes como trashumantes, desempeñando su función ancestral.
El Gos d'Atura Català, el pastor que «para» el rebaño
En el extremo nororiental de la Península, los Pirineos catalanes forjaron una raza de conducción diferente y con una personalidad propia. El Perro de Pastor Catalán (en catalán, gos d'atura català) es una raza española de perro de pastoreo desarrollada en Cataluña, aunque también se registra su origen en Andorra. Se utilizaba sobre todo en la trashumancia para la guardia y vigilancia de los rebaños en los Pirineos catalanes; actualmente es una raza popular como animal de compañía. Su propio nombre lo dice todo. En catalán, «atura» significa «para», y esa era precisamente su misión principal. En Cataluña era muy necesario «aturar», parar los rebaños dentro de los límites precisos.
En 1919 fue reconocido como raza de origen español. La Federación Cinológica Internacional reconoció al pastor catalán en 1954. Se reformó el estándar en 1982, y se modificó en el momento de la fundación del club español de la raza en 1984. Sin embargo, la raza vivió décadas de declive. Durante la década de 1970, una organización llamada Laketània tomó dos perros que permanecían con un aspecto muy puro, uno de Solsona y el otro del Berguedà, y los crió selectivamente para recuperar la raza. Todos los perros de cría actuales llevan genes de estos dos ejemplares. Actualmente el perro se ha podido extender mucho al comprobarse que no solo sirve para los rebaños sino también para hacer de animal de compañía, y se contabilizan más de 4.000 ejemplares.
El txacurra y otras razas de conducción
La variedad canina pastoral de España no se agota en los dos grandes nombres anteriores. Cada región generó, a lo largo de generaciones de selección natural y funcional, sus propios colaboradores para el pastor. El txacurra, o pastor vasco, es uno de los perros pastores más antiguos, del que existen dos tipos: gorbeiakoa y lletsua. Ágiles, fuertes y altamente territoriales, también desarrollan un gran apego por sus dueños. Entre los que han llegado hasta nuestros días se encuentran los perros pastores leoneses, conocidos como careas leoneses, o el perro pastor vasco, un animal que, según la mayoría de fuentes, pudo ser el precursor del actual pastor australiano, como resultado del cruce de los pastores vascos con los border collies ingleses.
Las islas también tienen sus representantes. El lobito herreño es una raza originaria de la isla canaria de El Hierro. Se trata de un perro pastor de ovejas y cabras que goza de una gran resistencia. Muy fiel a su pastor o sus propietarios, pero desconfiado con los extraños. Pese a ser un animal un tanto inquieto y de gran temperamento, es obediente y se le puede educar para ser un excelente perro de compañía. Este pastor ovino y boyero vivió un declive en los años 70 del siglo XX por la disminución de la actividad ganadera en la isla y llegó a considerarse en peligro. En el noroeste peninsular, el can de palleiro, o pastor gallego, se empleó como pastor o guardián y hoy también realiza funciones como perro de rescate y policía, en especial para la detección de drogas.
Dos funciones, un mismo oficio
La trashumancia exigía a estos animales mucho más que instinto. Exigía resistencia física, inteligencia situacional y una vinculación profunda con el pastor y con el rebaño. Los perros de pastoreo son generalmente de tamaño mediano a grande, con pelaje fuerte y resistente a la intemperie. Poseen una constitución robusta y atlética, ideal para largas jornadas de trabajo en terrenos difíciles. Los mastines protectores integraban el rebaño, dormían con él y no necesitaban órdenes constantes. Los perros de carea, en cambio, estaban en permanente comunicación con el pastor, atentos a cada señal. Los perros protectores no necesitan inspirar miedo en el rebaño ni estimular su instinto de huida. Por el contrario, si los animales están tranquilos en presencia del can, cualquier señal de alarma que los asuste será más llamativa y ayudará al perro a identificar posibles amenazas.
Actualmente hay 14 razas españolas reconocidas a nivel internacional por la Federación Cinológica Internacional (FCI), la entidad de referencia mundial en el mundo canino, cuya única representante en España es la RSCE. A estas podrían sumarse pronto el Alano Español y el Podenco Andaluz, que ya están en proceso de validación, lo que elevaría a 16 el número de razas «made in Spain» con reconocimiento global.
Un futuro amenazado por el abandono rural
Con el auge de la ganadería intensiva, esta figura se está perdiendo, pero los ganaderos que crían en extensivo saben que tener un buen perro pastor puede marcar la diferencia. La despoblación rural, la mecanización y la preferencia por razas foráneas más divulgadas han golpeado especialmente a las razas pastoras autóctonas. Los principales factores que amenazan la supervivencia de las razas caninas autóctonas son el abandono rural, la homogeneización por preferencia hacia razas extranjeras más populares, la falta de conocimiento, los cruces indiscriminados y el insuficiente reconocimiento oficial.
Las razas caninas españolas en situación vulnerable o en peligro incluyen el Sabueso Español, el Can de Palleiro, el Pastor Garafiano, el Lobero Cántabro, el Carea Leonés, el Pachón Navarro y el Mastín del Pirineo. Aunque este último se ha recuperado significativamente, aún requiere vigilancia poblacional. Los clubes de raza y las asociaciones de ganaderos trashumantes trabajan contra ese olvido. Hubo que esperar hasta finales de los años 70 y principio de los años 80 del siglo XX para que surgiera un movimiento entusiasta dispuesto a revitalizar el patrimonio canino autóctono, aplicando de forma más rigurosa los principios selectivos vigentes en la cinofilia internacional. Hoy, ese esfuerzo continúa. Cada vez que un mastín camina junto a un rebaño de merinas por una cañada real o un gos d'atura detiene en seco a un grupo de ovejas en los Pirineos, se perpetúa una alianza entre el ser humano y el perro que tiene siglos de historia y, si se cuida, muchos más por delante.