← El mundo merino

Cañada Real de la Plata · 29 de octubre de 2025

¿Sabes quiénes eran los arrieros?

Entre los oficios tradicionales del entorno rural, los arrieros constituían uno de los más característicos. Desvelamos los orígenes de estos personajes tan singulares.

Entre los oficios tradicionales del entorno rural, los arrieros constituían uno de los más característicos. Desvelamos los orígenes de estos personajes tan singulares, su labor en el campo y la importancia de esta actividad en nuestro país hasta que se popularizó el uso del ferrocarril para el transporte de mercancías. Prestamos atención a los arrieros, cuya labor se encontraba íntimamente ligada a la trashumancia en España.

¿Qué es un arriero?

Arrieros
Arrieros - Foto: Pixabay

El Diccionario de la Lengua Española de la RAE (Real Academia Española) define al arriero como la persona que trajina con bestias de carga. De tal modo, un arriero era aquel que se encargaba de mover de un sitio a otro alimentos y/o mercancías de todo tipo, incluido el correo. Así, los arrieros comercializaban frecuentemente con productos del campo y se desplazaban entre diferentes lugares para venderlos. Muchos de ellos eran agricultores o ganaderos que completaban su sustento en las épocas de menos trabajo con esta actividad comercial. Otros se especializaban en ella y efectuaban largos trayectos por la península ibérica.

El término arriero deriva de la expresión arría, cuyo significado hace referencia al conjunto de animales que se destina a transportar mercancías. De esa palabra proviene a su vez la expresión arre, con la que se azuzaba a las bestias para que apuraran el paso. Así, arría, arre y arriero comparten etimología. Y nuestra tradición popular está repleta de refranes en los que tienen presencia, como arrieros somos y en el camino nos encontraremos, o cuando el arriero es malo, le echa la culpa a los burros.

Rutas de los arrieros

Las rutas de los arrieros se distribuían por toda España, y eran diseñadas en función de la necesidad de la carga que transportaban. De tal modo, los arrieros que llevaban pescados desde Galicia hasta las tierras castellanas y Madrid seguían itinerarios que les permitían detenerse en las zonas altas de las montañas. De esa manera aprovechaban la nieve y los neveros para conservar el pescado.

La importancia de la labor de los arrieros era tal que, en 1497, los Reyes Católicos fundaron la Junta y Hermandad de la Cabaña Real de Carreteros, Trajineros, Cabañiles y sus Derramas para organizar el transporte de mercancías y los suministros a la corona. El nombre de trajineros hacía referencia a aquellos arrieros que solo se dedicaban a pequeños desplazamientos; mientras que los cabañiles se refería a los arrieros que hacían trayectos de largo recorrido con recuas de más de 100 mulas. Entre sus privilegios se encontraban las exenciones de impuestos como el portazgo y el paso de ganado y madera para el arreglo de los carros.

La rutas de la trashumancia y los caminos de los arrieros estaban entonces surcados por el ganado y las recuas de mulas con sus campanillas y coloridos jaeces. Y algunos de aquellos itinerarios se han reconvertido en rutas de senderismo que podemos disfrutar en distintos puntos del país. Ejemplo de ello son la Ruta de los Arrieros en San Tirso de Abres (Asturias), el Camino de Arrieros en Ambroz (Cáceres) y el Camino de los Arrieros entre los pueblos de Artieta y Berrandúlez (Burgos), entre muchos otros.

Arrieros maragatos

Castrillo de los Polvazares
Castrillo de los Polvazares, pueblo en la Maragatería - Foto: Depositphotos

Entre todos los arrieros españoles de aquel entonces merecen especial atención los maragatos, cuyo origen se remonta a los tiempos del rey de Asturias Ordoño I, cuando este comenzó a repoblar el Reino de León tras ser expulsados los árabes. Es en ese instante cuando se profesionaliza la labor de los arrieros, con la misión principal de hacer llegar los productos y mercancías necesarios al Reino de Castilla. Así, los primeros que se dedicaron a esta labor procedían de Astorga, la capital de la comarca de la Maragatería, y ponían rumbo desde estas tierras en sus carromatos y con sus mulas hacia las tierras gallegas y castellanas. Del norte, traían alimentos como el pescado en salazón y el carbón, y los iban vendiendo en sus rutas hacia el sur.

Usaron para ello vías romanas, como las que conectaban Astorga, Lugo y Braga, así como la Vía de la Plata, modo por el que llegaban hasta Madrid. Lo habitual era que recorrieran unos 15 kilómetros diarios, y los trayectos los hicieran entre los meses de abril y diciembre. En un principio se usaban recuas de mulas, pero posteriormente se sumaron los carromatos tirados por estos animales.

Camino Gallego

Cuando a mediados del siglo XIV, el rey Enrique II concedió a los maragatos el privilegio de exención de un impuesto como el portazgo, muchos otros arrieros llegaron a las tierras de Astorga para establecerse. La ruta que cruzaba desde la costa gallega en Betanzos hasta Madrid, pasando por la Maragatería, era conocida como Calzada Real, Carrera de Galicia, Camino Real o Camino Gallego. Su longitud era de 100 leguas y solían recorrerlas en unas 12 jornadas.

El Camino Gallego partía de Betanzos para pasar por localidades como Gallegos, Piedrafita, Molina Seca, Astorga, La Bañeza, Benavente, Medina del Campo, Arévalo, El Espinar, Torrelodones y Madrid, entre otras. Del transporte del pescado gallego a la Casa Real se encargaban ya los arrieros maragatos en el siglo XVIII. Utilizaban para ello el servicio de postas, con correos a caballo. De esa forma, conseguían que el pescado fresco estuviera en la capital en cuatro días.

Tradición de los arrieros

Casa arriera maragata
Casa arriera maragata en Castrillo de los Polvazares - Foto: Anual CC BY-SA 4.0

El ir y venir de los arrieros durante el siglo XIX propició la apertura de mesones donde estos trabajadores pernoctaban. Estos establecimientos no solo contaban con cuartos para que pasaran la noche, sino también con corrales para que descansaran sus animales.

Con la llegada del ferrocarril, a finales del siglo XIX, el oficio de los arrieros declinó hasta desaparecer. Los arrieros tuvieron que cambiar de actividad. Algunos emigraron a América y otros se adaptaron a los nuevos tiempos con otros negocios. Así hubo muchos que se trasladaron a Madrid y abrieron puestos de venta de pescado. Esos establecimientos son los predecesores de algunas de las pescaderías que hoy en día se encuentran en la capital del país.

Sin embargo, sus tradiciones pervivieron, tanto en la arquitectura civil, que puede contemplarse en las casas arrieras o maragatas, como en sus trajes, su música y su gastronomía, en la que merece especial atención el cocido maragato. Este plato típico es conocido porque se come al revés, es decir, se empieza primero con las carnes y las verduras, y se toma al final la sopa.

Los arrieros son una de las figuras más emblemáticas relacionadas con los Caminos de la Merina, y los maragatos tienen una presencia especial en la Cañada Real de la Plata.